miércoles, 31 de agosto de 2011

Carta de Khalil Gibrán a Mary Haskell

miércoles, 31 de agosto de 2011
Khalil Gibrán

Para vivir es necesario coraje. Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara tienen las mismas propiedades. Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara es capaz de lanzarse a la aventura de la vida. Esta aventura requiere una única osadía: descubrir que no se puede vivir a través de la experiencia de los otros, y estar dispuesto a entregarse. No se puede tener los ojos de uno, los oídos de otro, para saber de antemano lo que va a ocurrir; cada existencia es diferente de la otra. 

No importa lo que me espera, yo deseo estar con el corazón abierto para recibir. Que yo no tenga miedo de poner mi brazo en el hombro de alguien, hasta que me lo corten. Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes. Déjenme ser tonto hoy, porque la tontería es todo lo que tengo para dar esta mañana; me pueden reprender por eso, pero no tiene importancia. Mañana, quién sabe, yo seré menos tonto. 

Cuando dos personas se encuentran, deben ser como dos lirios acuáticos, que se abren de lado a lado cada una mostrando su corazón dorado, y reflejando el lago, las nubes y los cielos. No logro entender por qué un encuentro genera siempre lo contrario de esto: Corazones cerrados y temor a los sufrimientos.

Cada vez que estamos juntos, conversamos durante varias horas seguidas. Si pretendemos pasar juntos todo ese tiempo, es importante no tratar de esconder nada... y mantener los pétalos bien abiertos.

En su testamento, Khalil Gibrán dejó a Mary Haskell todo el material guardado en su estudio. Ahí encontró las cartas que ella había escrito para él. En principio estuvo de acuerdo con quemarlas para conservar la intimidad pero, reconociendo el valor histórico que tenían, decidió salvarlas. Las donó, junto a todas las cartas que ella había recibido de él, a la biblioteca de la universidad de North Carolina antes de morir en 1964.