poema IX

Poema IX

Mitología:  Penélope es la esposa de Ulises, uno de los héroes legendarios griegos en la Guerra de Troya. En la versión más extendida de este mito, ella espera durante veinte años el retorno de su marido, convirtiéndose así en un símbolo de la fidelidad conyugal hasta el día de hoy.
Mientras su esposo está fuera, Penélope es pretendida por múltiples hombres. Para mantener su castidad ante la ausencia de su marido, ésta idea un gran plan: Les dice a los pretendientes que aceptará la desaparición de su marido y escogerá a uno de ellos cuando termine de tejer un sudario en el que estaba trabajando. Mantiene este tejido en elaboración por mucho tiempo, deshaciendo por la noche lo que creó durante el día, y de esta forma engaña a los pretendientes hasta el regreso de su marido. Justo cuando Ulises llega a casa, Penélope termina la labor, Ulises mata a los pretendientes y permanece con ella.

Pero en Ugarit las reglas del juego son distintas.

Poema IX

Nunca desteje ella en base a paciencia una forjada labor.
Mil puntos de cruz, señalando la miniatura, jamás se deshacen;
No indican regresar eternamente.
En Ugarit ninguna mujer espera, seguro estoy,
después que sin necesidad te conviertes en guerrero fidedigno.
Aquí nadie aguanta, y Mitsuka Ibor no es excepción,
veinte años de ausencia: más Penélope no quiere ser.
Quien se fue debe alimentarse en otras batallas,
de otros redaños, de tanto puñal entre lucha feroz.
Nunca desbarata manteles ni deshace ella puntada alguna.
Si esto es una prueba, no lo acepta su ardiente honradez.
Corren morenos hombres, a raudales, sobre una mesa
desnuda y ese lecho en estro, y como poeta y leopardo
hembra enamorados, se estremecen fervientes caudales,
siempre a su aire, sin soñar cicatrices de otro regreso.
Mañana sabrás que Mitsuka Ibor, fogoso amanecer,
desconoce seguir intacta: cuando un guerrero
concibe ristres llenos de espada, tarde es para la temeridad.
Antítesis de quien aguarda un amor tigre, bestia,
saliendo a matar, a tumbar esperanzas, a socavar murallas,
desafía ella, con toda razón, ficticios resultados que vienen,
y en cualquier guerra sucede, envueltas en primicias beligerantes,
por ese informe igual que racimo sin táctica entregándose.
Yo, Atahir, mientras todos te tildan, estandarte tuyo seré.

Juan Monegro
Poema IX, Libro Segundo. Cantares de Atahir.